La guerra global del aire también se libra en los presupuestos

Cuando hablamos del aire que respiramos, solemos pensar en emisiones, normativa, sensores o episodios de contaminación. Pero hay una batalla menos visible que también decide el futuro ambiental de Europa: la del dinero. Porque sin presupuesto no hay transición energética, no hay descarbonización industrial y, en muchos casos, tampoco hay mejoras reales en la calidad del aire.

La Agencia Europea de Medio Ambiente ha publicado un dato que lo deja muy claro: el sistema europeo de comercio de emisiones (EU ETS) se ha convertido en una gran palanca financiera para la acción climática. Los ingresos por subastas para los Estados miembros han pasado de 5.000 millones de euros en 2017 a 24.000 millones en 2024.

Del carbono al presupuesto: por qué este dato importa de verdad

El EU ETS no es solo un mecanismo para poner precio a las emisiones. Es, cada vez más, una herramienta que transforma el coste del carbono en capacidad de inversión pública. La lógica es simple: si emitir cuesta, ese dinero puede volver al sistema en forma de transformación energética, innovación tecnológica y modernización industrial.

Y aquí está la clave: la transición climática europea ya no depende solo de objetivos políticos, sino también de una estructura económica que genera recursos para financiarla. En otras palabras, la guerra por un modelo productivo más limpio también se libra en las cuentas públicas.

2024 deja una cifra récord, aunque con matices

En 2024, los ingresos totales generados por las subastas del EU ETS alcanzaron 38.800 millones de euros. De esa cifra, 24.400 millones fueron directamente a los Estados miembros, mientras que el resto se distribuyó entre instrumentos europeos como el Innovation Fund, el Modernisation Fund, el Recovery and Resilience Facility, además de partidas para países EFTA e Irlanda del Norte.

Ahora bien, el dato tiene matiz. Aunque la recaudación sigue siendo altísima, 2024 cae un 27% frente a 2023, cuando los Estados miembros ingresaron 33.000 millones. La Agencia Europea de Medio Ambiente explica esta bajada por dos razones principales: la caída del precio medio del CO₂ y el hecho de que una mayor parte de los ingresos se haya canalizado a fondos europeos.

Ya no basta con recaudar: ahora hay que destinarlo al clima

La gran diferencia está en la regla que se aplica desde junio de 2023. Con la directiva revisada del EU ETS, los Estados miembros están obligados a destinar el 100% de los ingresos recaudados, o su equivalente financiero, a acción climática y transición energética, salvo una excepción concreta: las ayudas para compensar costes indirectos del carbono en industrias electrointensivas.

Eso cambia por completo el enfoque. Antes, la recomendación era dedicar al menos el 50% a estos fines. Ahora el mandato es mucho más claro y mucho más exigente. Y eso significa que el dinero procedente del mercado del carbono debe acabar impulsando áreas como la descarbonización industrial, la transformación energética, las tecnologías limpias, la adaptación climática, la movilidad baja en carbono o las medidas de transición justa.

El aire limpio no depende solo de medir: depende de invertir

Este punto es especialmente interesante. Cuando pensamos en calidad del aire, solemos separar la monitorización ambiental de la financiación climática. Pero en realidad están mucho más conectadas de lo que parece. Las inversiones en electrificación, redes, almacenamiento, transporte limpio o modernización industrial no solo tienen impacto climático: también ayudan a reducir presión contaminante y a reconfigurar el entorno atmosférico en el que vivimos. Esta conexión es una inferencia razonable a partir de los usos permitidos para esos ingresos y del tipo de acciones financiables descritas por la AEMA.

Por eso, cuando Europa decide que el ingreso del carbono debe volver al sistema en forma de transición, no está tomando solo una decisión energética. También está influyendo, de forma estructural, en las condiciones que harán posible un aire más limpio en el futuro.

España, entre los países que más recaudan

España aparece entre los países con mayor volumen de ingresos directos por subastas en 2024. La cifra es de 2.600 millones de euros, al nivel de Italia y solo por detrás de Alemania y Polonia. Según la AEMA, junto con estos grandes recaudadores concentra una parte muy relevante del total que llega directamente a los Estados miembros.

No es un dato menor. Significa que España no solo está dentro del sistema: tiene capacidad real de movilizar recursos importantes para acelerar su propia transición energética e industrial.

¿Por qué baja la recaudación si se subastó más?

Aquí está una de las paradojas del año. En 2024 se subastaron más derechos que en 2023, pero los ingresos directos para los Estados miembros fueron menores. La explicación, según la AEMA, está en dos factores: el precio medio de los derechos cayó un 18%, pasando de 83,6 €/tCO₂e en 2023 a 64,8 €/tCO₂e en 2024, y además creció la proporción de ingresos destinada a fondos europeos.

Es decir, más volumen no siempre implica más dinero. En mercados de carbono, el precio importa tanto como la cantidad.

La política del aire también es política presupuestaria

La conclusión es potente: la lucha por el aire que respiramos no se juega solo en estaciones de medición, normas técnicas o planes de reducción de emisiones. También se juega en cómo Europa recauda, reparte y obliga a gastar el dinero procedente del carbono.

Y esto abre una lectura de fondo muy relevante para industria, energía y medio ambiente: la transición no avanza únicamente con tecnología ni con voluntad política. Avanza cuando existe una arquitectura financiera capaz de sostenerla. En ese sentido, el EU ETS ya no es solo un mercado de emisiones. Es también un mecanismo que convierte presión regulatoria en capacidad presupuestaria.

Respirar mejor también depende de eso.

Fuente

Agencia Europea de Medio Ambiente, Use of auctioning revenues generated under the EU Emissions Trading System, publicado el 17 de diciembre de 2025.