Cuando encendemos la calefacción, también cambia el aire que respiramos: con el frío vuelve la contaminación de combustión. Estufas, calderas y chimeneas queman leña, pellets, gasóleo o gas durante muchas horas al día. Y todo lo que se quema acaba, de una forma u otra, en la atmósfera.
En otoño lo notamos cada año. Las noches son más largas, el aire está más quieto y, al mismo tiempo, se encienden miles de calefacciones. Es la combinación perfecta para que los niveles de partículas y de algunos gases vuelvan a subir.
¿Qué emite una calefacción?
Depende del combustible y de cómo se quema. Sin embargo, hay unos cuantos contaminantes que aparecen casi siempre.
- Partículas (PM10 y PM2,5). Sobre todo cuando se quema biomasa: leña, pellets o restos vegetales. La mayoría son finas y penetran fácilmente en las vías respiratorias.
- Óxidos de nitrógeno (NOx). Se forman en cualquier combustión a alta temperatura, también en las calderas de gas y de gasóleo.
- Monóxido de carbono (CO). Es la señal de una combustión incompleta, típica de equipos viejos o mal regulados.
- Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP). El más conocido es el benzo(a)pireno, un compuesto cancerígeno que viaja adherido a las partículas.
La calefacción, una fuente que a menudo pasa desapercibida
Cuando hablamos de contaminación urbana, pensamos primero en el tráfico. Es lógico, y ya lo explicábamos en el artículo sobre movilidad urbana y calidad del aire. Pero en invierno, el sector residencial gana mucho peso.
Un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, publicado en Scientific Reports en 2024, analizó 708 ciudades europeas. La conclusión es clara: el sector residencial es la principal fuente de PM2,5 urbano, con una aportación media del 27 %. Además, es la primera fuente en el 56 % de las ciudades estudiadas.
El mismo estudio señala un responsable principal: la combustión de biomasa. En la mayoría de países, casi todas las emisiones primarias de PM2,5 de los hogares proceden de quemar leña y otros combustibles vegetales.
¿Por qué la contaminación de combustión se nota tanto en invierno?
No es solo que emitamos más. También es que la atmósfera dispersa peor. En las noches frías y despejadas, el suelo se enfría y se forma una inversión térmica: una capa de aire frío queda atrapada cerca de la superficie, bajo una capa más cálida.
Esta tapa invisible impide que el humo suba y se mezcle. Por eso, los humos de las chimeneas se acumulan justo a la altura a la que vivimos. Es el mismo fenómeno que explica por qué aumentan el NO2 y las partículas en otoño.
Al contrario, los días de viento o con el paso de un frente, el aire se renueva y los niveles bajan rápidamente. Por tanto, el mismo volumen de emisiones puede dar datos muy distintos según el tiempo que haga.
El benzo(a)pireno, el contaminante que delata la leña
El benzo(a)pireno se utiliza como indicador del riesgo cancerígeno de los HAP en el aire. Sus fuentes principales son las estufas y las chimeneas domésticas y, en menor medida, el tráfico. Por eso, en zonas donde se quema mucha leña, las concentraciones se disparan en invierno y casi desaparecen en verano.
Actualmente tiene un valor objetivo de 1 ng/m3 de media anual. Con la nueva Directiva (UE) 2024/2881, este valor pasa a ser un valor límite obligatorio a partir de 2030.
Los límites se vuelven más exigentes en 2030
La nueva directiva europea de calidad del aire también endurece los valores límite anuales de los contaminantes más relacionados con la combustión:
- PM2,5: de 25 a 10 µg/m3.
- PM10: de 40 a 20 µg/m3.
- NO2: de 40 a 20 µg/m3.
- Benzo(a)pireno: 1,0 ng/m3, ahora como valor límite.
Es decir, en 2030 el margen será mucho más estrecho. Las emisiones de calefacción, que hasta ahora podían pasar desapercibidas en la media anual, tendrán mucho más peso en el cumplimiento.
Cómo se mide la contaminación de la calefacción
Los gases como el NO2 o el CO se miden en continuo con analizadores automáticos. Las partículas y, sobre todo, lo que llevan dentro requieren otro enfoque.
Para conocer la masa de PM10 o PM2,5 y su composición se utilizan captadores que hacen pasar el aire a través de un filtro durante un periodo determinado. Después, esos filtros se pesan y se analizan en el laboratorio. Así es como se determina, por ejemplo, el benzo(a)pireno presente en las partículas.
En MCV fabricamos captadores de alto volumen secuenciales, como el CAV-A/MSb, que permiten programar hasta 15 filtros de PM10 o PM2,5 de forma automática. De esta manera, se puede seguir día a día cómo cambia la contaminación cuando llega el frío, sin tener que cambiar el filtro a mano cada jornada.
Medir antes de decidir
Renovar estufas antiguas, mejorar la combustión o regular el uso de la leña en episodios de contaminación son medidas útiles. Sin embargo, para saber si funcionan hay que medir antes y después, y hacerlo durante la temporada de calefacción. Como recordábamos en datos ambientales fiables, una buena decisión empieza por un buen dato.
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En MCV llevamos más de 40 años diseñando, fabricando y manteniendo equipos de medida de la calidad del aire: captadores de partículas, analizadores de gases y estaciones completas. Si necesitas una campaña de medición para este invierno, hablemos.